Un sueño dentro de un sueño ¡Recibe en la frente este beso! Y, por librarme de un peso antes de partir, confieso que acertaste si creías que han sido un sueño mis días; ¿Pero es acaso menos grave que la esperanza se acabe de noche o a pleno sol, con o sin una visión? Hasta nuestro último empeño es sólo un sueño dentro de un sueno.
Frente a la mar rugiente que castiga esta rompiente tengo en la palma apretada granos de arena dorada. ¡Son pocos! Y en un momento se me escurren y yo siento surgir en mí este lamento: ¡Oh Dios! ¿Por qué no puedo retenerlos en mis dedos? ¡Oh Dios! ¡Si yo pudiera salvar uno de la marea! ¿Hasta nuestro último empeño es sólo un sueño dentro de un sueño? Edgar Allan Poe
Bellos sueños .. Nos vemos !!
Autor de la fotografía: Balovega
Un sueño dentro de un sueño ¡Recibe en la frente este beso! Y, por librarme de un peso antes de partir, confieso que acertaste si creías ...
Hoy les dejo con un cuento de Edgar Allan Poe que trata sobre un joven empleado que comienza a obsesionarse con el ojo ciego del anciano con el cual convive.
Así comienza la historia ....
¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco, entonces? Escuchen... y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia.
Me es imposible decir cómo aquella idea me entró en la cabeza por primera vez; pero, una vez concebida, me acosó noche y día. Yo no perseguía ningún propósito. Ni tampoco estaba colérico. Quería mucho al viejo. Jamás me había hecho nada malo. Jamás me insultó. Su dinero no me interesaba. Me parece que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre... Un ojo celeste, y velado por una tela. Cada vez que lo clavaba en mí se me helaba la sangre. Y así, poco a poco, muy gradualmente, me fui decidiendo a matar al viejo y librarme de aquel ojo para siempre.
Presten atención ahora. Ustedes me toman por loco. Pero los locos no saben nada. En cambio... ¡Si hubieran podido verme! ¡Si hubieran podido ver con qué habilidad procedí! ¡Con qué cuidado... con qué previsión... con qué disimulo me puse a la obra! Jamás fui más amable con el viejo que la semana antes de matarlo. Todas las noches, hacia las doce, hacía yo girar el picaporte de su puerta y la abría... ¡oh, tan suavemente! Y entonces, cuando la abertura era lo bastante grande para pasar la cabeza, levantaba una linterna sorda, cerrada, completamente cerrada, de manera que no se viera ninguna luz, y tras ella pasaba la cabeza. ¡Oh, ustedes se hubieran reído al ver cuán astutamente pasaba la cabeza! La movía lentamente... muy, muy lentamente, a fin de no perturbar el sueño del viejo. Me llevaba una hora entera introducir completamente la cabeza por la abertura de la puerta, hasta verlo tendido en su cama. ¿Eh? ¿Es que un loco hubiera sido tan prudente como yo? Y entonces, cuando tenía la cabeza completamente dentro del cuarto, abría la linterna cautelosamente... ¡oh, tan cautelosamente! Sí, cautelosamente iba abriendo la linterna (pues crujían las bisagras), la iba abriendo lo suficiente para que un solo rayo de luz cayera sobre el ojo de buitre. Y esto lo hice durante siete largas noches... cada noche, a las doce... pero siempre encontré el ojo cerrado, y por eso me era imposible cumplir mi obra, porque no era el viejo quien me irritaba, sino el mal de ojo. Y por la mañana, apenas iniciado el día, entraba sin miedo en su habitación y le hablaba resueltamente, llamándolo por su nombre con voz cordial y preguntándole cómo había pasado la noche. Ya ven ustedes que tendría que haber sido un viejo muy astuto para sospechar que todas las noches, justamente a las doce, iba yo a mirarlo mientras dormía.
¡Escuchad el tintineo! La sonata del trineo Con cascabeles de plata! ¡Qué alegría tan jocunda nos inunda al escuchar La errabunda melodía de su agudo tintinear! ¡Es como una epifanía, En la ruda racha fría, La ligera melodía! ¡Cómo fulgen los luceros!, ¡Verdaderos reverberos !, Con idéntica armonía A la clara melodía Cintilando, cintilando, cintilando, ¡Cómo los cascabeles van sonando! Y en un mismo son, son único, Que iguala un ritmo rúnico, Los luceros siguen fieles Cascabeles, cascabeles, cascabeles El son de los cascabeles, Cascabeles, cascabeles, cascabeles Cascabeles, ¡El son grato, que a rebato, surge en los cascabeles!.
Este rincón se ha convertido desde hace unos días en poesía, la poesía de la amistad, que bella palabra cuando se siente desde muy adentro. La amistad nace en distintas etapas de la vida y surge cuando las personas se relacionan entre sí de alguna manera.
Hay amistades que afloran a los pocos minutos de conocerse, y este es el sentimiento de cariño y compañerismo que hoy quiero hacer llegar a: "El Rincón de Mari" yal "Diario de Anara Aurin", con un abrazo muy especial, para arroparlas en los momentos bajos que todos tenemos en algún instante de la vida. Para vosotras amigas con todo cariño y por vuestra amistad.
Hasta mañana amigos, y si tienen un tiempito, les recomiendo que pasen a visitarlas, les aseguro que no se arrepentirán.
Nos vemos.....
¡Escuchad el tintineo! La sonata del trineo Con cascabeles de plata! ¡Qué alegría tan jocunda nos inunda al escuchar La errabunda melodía de...